Las personas con pérdida auditiva sienten mayor aislamiento debido a la pandemia

Desde que hace un año el Covid-19 apareciera en nuestras vidas, estamos pasando una complicada situación que hace difícil mantener nuestras rutinas diarias. Situación que se agrava para todas aquellas personas que sufren algún tipo de pérdida auditiva. Ya que al reto de las barreras de comunicación y audición a las que se enfrentan diariamente estas personas, hay que añadirle el problema que les supone la obligación del uso de mascarillas; algo que ha empeorado enormemente su situación de aislamiento.

La mascarilla puede disminuir hasta 20 decibelios la audición, dependiendo del material.

Para los 466 millones de personas en todo el mundo que viven con pérdida auditiva, la pandemia está resultando especialmente retadora, empeorando en muchos casos su situación de aislamiento social. “La pandemia ha aumentado y empeorado la situación de aislamiento social de estas personas, especialmente en los países donde el uso de mascarilla es obligatorio. Estas son una barrera necesaria para la Covid, pero también son un muro para la voz, la vista y los decibelios ya que, según los estudios, la mascarilla disminuye en más de 20 decibelios la audición“, y como explica Teresa Amat, presidenta de la Asociación Europea de Usuarios de Implante Coclear (EURO-CIU).

Por supuesto, las mascarillas son imprescindibles para nuestra salud colectiva y para poder poner fin definitivamente a esta pandemia. A pesar de esto, no hay duda de que las mascarillas pueden hacer que la conversación sea algo más incómoda para todos. Pero las personas con pérdida auditiva se enfrentan mayores desafíos de comunicación cuando las expresiones faciales desaparecen bajo dos capas de algodón y la lectura de labios se hace imposible. Las mascarillas también reducen el volumen y la claridad del habla humana, especialmente cuando hay ruido ambiental o de fondo.

Tal y como revela una encuesta internacional entre usuarios de implante coclear llevada a cabo por la compañía MED-EL, el 79% de los participantes reconocieron que tenían dificultad a la hora de entender a las personas que llevan mascarilla. Entre los usuarios adultos, esta cifra alcanzaba hasta el 90%, frente al 65% que se observó entre los niños. Este confirma que la pérdida auditiva, incluso con la solución auditiva más apropiada, puede hacer especialmente problemática la comunicación si las personas usan mascarilla.

Desde el departamento de otorrinolaringología del Wexner Medical Center de Ohio State University, en Columbus, confirman que las mascarillas reducen el volumen del sonido de la voz entre 4 y 20 decibelios, dependiendo del material con el que estén hechas. “Todos estamos viviendo tiempos muy difíciles en términos de aislamiento y cuarentena, así que esto puede añadir otra capa de frustración a una situación ya difícil“, en palabras de Eryn Staats, gerente de audiología del departamento.

A los expertos también les preocupa que los problemas de comunicación con los médicos y otros profesionales de la salud puedan comprometer la calidad de la atención médica que reciben las personas con pérdida auditiva. Cada vez más, los médicos están abogando por el uso de mascarillas o protectores faciales transparentes para permitir que estos pacientes puedan ver la boca de las personas.

Según el Instituto Nacional de Estadística, un 2,5% de la población española sufre algún tipo de pérdida auditiva. Un porcentaje que se va elevando con la edad situándose en el 39,8% en los mayores de 80 años. Además, las pérdidas auditivas asociadas a la edad tienen un impacto negativo en la calidad de vida de las personas afectadas, “sobre todo, la incomunicación y el aislamiento social”, destaca el Pérez Arcos, jefe del servicio de Otorrinolaringología del Hospital Clínico Universitario Virgen de la Victoria de Málaga.

Así, el aislamiento social, con el gran impacto negativo que supone para la salud mental, ya era el principal miedo de las personas con respecto a la pérdida auditiva antes de la pandemia. Ya que muchos tenían dificultades para comunicarse en el supermercado o en entornos sociales antes de que se introdujeran las mascarillas. Esta situación se ve agravada por el distanciamiento social y el paso de la comunicación interpersonal a las llamadas telefónicas o videollamadas, que son más difíciles para las personas con pérdida auditiva.

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